Nuestro gato es nuestro compañero, por eso en Centro Veterinario Argos queremos que nuestra relación con él esté llena de buenos momentos. 

Generalmente aceptamos algunas formas de agresividad como un comportamiento normal, como cuando nuestro gato persigue a un gato intruso en el jardín. Si un gato que siempre disfrutaba con el contacto de repente se vuelve agresivo cuando está siendo acariciado puede ser porque tenga dolor y no quiere que lo toquemos. Si pensamos que ese puede ser el caso deberemos pedir cita en el centro veterinario para localizar el origen de ese dolor.

En ocasiones algunos gatos atacan a sus dueños cuando pasan caminando; es su forma de liberar energía retenida, “cazando” al dueño. Podemos intentar ayudarlos agotando algo de esa energía, permitiéndoles realizar algo similar a la “caza” , con juguetes atados a una cuerda, por ejemplo, y zonas para trepar.

Cuando los gatitos son muy pequeños, algunos dueños permiten que jueguen mordiendo sus manos o sus pies, lo que refuerza este comportamiento. Cuando los gatos y sus dientes crecen, pueden llegar a causar heridas sin mala intención por parte del gato. Debemos dejar de prestar atención al gatito cuando nos muerda para no reforzar ese comportamiento. Si queremos jugar, usemos juguetes para que el gatito los muerda y arañe en vez de nuestras manos.

Uno de los problemas de agresión más comunes se conoce como “síndrome de acariciar y morder”: comenzamos a acariciar a nuestro gato y él ataca nuestra mano. Algunos gatos se sentirán en peligro al encontrarse sobre nuestro regazo; de repente se sienten vulnerables. Reaccionan con una agresión defensiva y agarran la mano que les está acariciando. El hecho de aceptar las caricias es una respuesta aprendida; algunos gatos no han tenido relación con los humanos antes de las ocho semanas de edad y quizá nunca acepten el contacto físico. Si su gato reacciona de forma agresiva a las caricias, siéntese con él, tóquelo durante períodos cortos de tiempo y pare antes de que el gato reaccione. Deje de acariciar al gato si nota que echa las orejas para atrás, dilata las pupilas o se pone repentinamente en tensión. Premie al gato con comida y háblele suavemente para mantenerlo relajado. No le castigue; reforzará la sensación de amenaza.

Publicado: 16 de Febrero de 2016