La displasia de cadera es una afección hereditaria, multifactorial, caracterizada por un desarrollo anormal de la articulación coxofemoral (la articulación de la cadera -acetábulo- con la extremidad posterior –cabeza del fémur-), cuyo resultado es una incorrecta adaptación entre la cabeza femoral y el acetábulo. Esto origina una inestabilidad en la articulación coxofemoral que conduce a la subluxación del acetábulo y la cabeza femoral; de forma secundaria se producen alteraciones óseas como engrosamiento del cuello femoral, osteofitos (fragmentos de hueso libres en el espacio articular) y esclerosis o degeneración del acetábulo.

Esta patología puede presentarse en perros de cualquier raza, siendo más frecuente en razas de gran tamaño (Gran Danés, Pastor Alemán, Golden Retriever, etc.), aunque cada vez es más frecuente en razas como Cócker, caniche...

Existe un componente hereditario que influye en su aparición, junto con factores ambientales tales como una alimentación incorrecta. Para que un perro sea displásico debe poseer los genes de displasia, pero no todos los que posean dichos genes manifestarán la enfermedad, aunque sí transmitirán los genes a su descendencia.

Los síntomas varían desde anomalías en la marcha apenas perceptibles hasta cojera e incapacidad para el movimiento. En cachorros resultan especialmente evidentes tras el ejercicio; los adultos  pueden tener dificultad para subir escaleras y presentan dificultad para levantarse. Los perros jóvenes afectados suelen correr como los  conejos; los adultos caminan a pasos cortos, como “de pato”. Se aprecia dolor durante la extensión completa de la articulación.

El diagnóstico de la enfermedad se realiza mediante examen clínico del animal conjuntamente con radiografías de la cadera. El diagnóstico temprano de la displasia es aconsejable en cachorros  y animales jóvenes de “alto riesgo” sin sintomatología, para retrasar la aparición de artrosis y mejorar su calidad de vida futura.

La elección del tratamiento (médico, quirúrgico o una combinación de ambos) dependerá del cuadro clínico, la edad del animal y las alteraciones observadas en las radiografías.


Publicado: 28 de Noviembre de 2014